Gideon regresó esa tarde mucho más tarde de lo habitual.
Gwen estaba en la cocina preparando la cena mientras Toby hacía los deberes y Maisie dormía en el sofá.
Cuando Gideon entró, no llevaba la expresión tranquila de la mañana.
Dejó una carpeta sobre la mesa.
—Tenemos que hablar.
Gwen apagó el fuego.
—¿Qué encontraste?
Gideon abrió la carpeta.
—El dinero con el que Douglas fundó Sterling Palmer Logistics no procedía de ningún préstamo familiar.
Gwen se quedó inmóvil.
—Entonces, ¿de dónde salió?
Gideon deslizó un documento hacia ella.
—De una cuenta que estaba a tu nombre.
Gwen frunció el ceño.
—Eso es imposible.
—Eso pensé yo.
En el documento aparecía una transferencia realizada diecisiete años atrás.
El importe era exactamente el dinero obtenido por la venta del apartamento que Gwen había heredado de sus padres.
Gwen sintió que las manos le temblaban.
—Yo le entregué ese dinero a Douglas.
—Lo sé.
Gideon señaló otra página.
—Pero él nunca lo declaró como aportación de capital.
—¿Qué hizo?
—Creó una empresa paralela.
Gwen levantó la mirada.
—¿A nombre de quién?
Gideon respiró profundamente.
—A nombre de su madre.
El silencio llenó la cocina.
—Después —continuó—, esa empresa transfirió los activos a la compañía que fundamos juntos.
Gwen tardó unos segundos en comprender.
—Entonces mi dinero…
—Financió el comienzo de la empresa.
—¿Y Douglas me dijo que no tenía derecho a nada?
Gideon cerró los ojos brevemente.
—Eso parece.
Gwen se apoyó contra la encimera.
Diecisiete años.
Había creído que estaba ayudando a su marido a construir un futuro.
Ahora descubría que él había convertido su aportación en algo que podía negar.
—¿Tienes pruebas?
—Más de las que esperaba.
Gideon abrió otra carpeta.
Había correos antiguos, documentos bancarios y registros de transferencias.
En varios aparecía la misma frase:
“Capital inicial aportado por Gwen Ramírez.”
Gwen se quedó mirando las hojas.
—¿Por qué nunca vi esto?
—Porque Douglas modificó los registros internos después de que la empresa comenzó a crecer.
—¿Y tú no lo viste?
Gideon bajó la mirada.
—Confié en él.
Aquella frase dolió más de lo que Gwen esperaba.
Porque ella también había confiado.
Entonces su teléfono vibró.
Era Douglas.
Gwen no quería contestar.
Gideon la miró.
—No tienes que hacerlo.
Pero Gwen aceptó la llamada.
—¿Dónde estás?
—No importa.
—Gwen, quiero que dejes de hacer esto difícil.
Ella miró los documentos sobre la mesa.
—¿Hacer qué difícil?
—El divorcio.
—Tú dijiste que no tenía derecho a nada.
Hubo silencio.
—Porque no tienes derecho a la empresa.
Gwen respiró profundamente.
—¿Estás seguro?
Douglas cambió de tono.
—¿Qué significa eso?
—Nada.
Colgó.
Gideon la observó.
—Ahora sabe que algo descubriste.
—Probablemente.
—Entonces tenemos que movernos rápido.
A la mañana siguiente, Gideon llevó los documentos a su abogado.
La respuesta llegó esa misma tarde.
La venta del apartamento podía demostrar que Gwen había proporcionado el capital inicial.
Pero había algo todavía más importante.
Los registros mostraban que Douglas había transferido una parte de los activos de la empresa a una cuenta controlada por él apenas dos semanas antes de solicitar el divorcio.
Gideon miró el documento.
—Está intentando vaciar la empresa.
Gwen sintió un nudo en el estómago.
—¿Para qué?
—Para que cuando llegue la división de bienes, parezca que hay mucho menos dinero del que realmente existe.
Gwen se quedó en silencio.
Durante años había pensado que Douglas simplemente había dejado de amarla.
Ahora comprendía que había preparado su salida mucho antes de anunciarla.
Pero entonces Gideon encontró algo más.
Una carpeta escondida en un servidor antiguo.
Dentro había una copia de un acuerdo firmado diecisiete años atrás.
Gwen lo leyó.
Su nombre aparecía como aportante del capital inicial.
Y debajo había una cláusula que nunca había visto.
—¿Qué significa esto?
Gideon señaló la última línea.
—Si la empresa alcanza determinado valor, el capital inicial debe convertirse en participación accionaria.
Gwen levantó la mirada.
—¿Cuánto tendría?
Gideon hizo el cálculo.
Se quedó en silencio.
—¿Qué?
Finalmente respondió:
—Aproximadamente el treinta y ocho por ciento de la empresa actual.
Gwen dejó caer el documento sobre la mesa.
Treinta y ocho por ciento.
Douglas había pasado diecisiete años diciéndole que ella no había aportado nada.
Mientras tanto, una parte enorme de la empresa había sido construida con su dinero.
Gideon se levantó.
—Esto cambia completamente el divorcio.
Gwen miró hacia la ventana.
Por primera vez desde que Douglas la echó de su casa, no sintió que estaba perdiendo todo.
Entonces llegó otro mensaje.
Esta vez no era de Douglas.
Era de un número desconocido.
“Señora Ramírez, sabemos que está con Gideon Sterling.”
Gwen palideció.
Llegó otro mensaje inmediatamente.
“También sabemos que encontraron los documentos.”
Gideon tomó el teléfono.
Su expresión se volvió seria.
—No respondas.
Pero un tercer mensaje apareció en la pantalla.
“Si quieren saber quién ayudó a Douglas a ocultar el dinero durante diecisiete años, vengan mañana a las nueve.”
Debajo había una dirección.
Y Gideon reconoció el lugar.
Era la antigua oficina del padre de Douglas.
El hombre que supuestamente nunca había tenido relación con la empresa.
Gideon levantó lentamente la mirada.
—Gwen…
—¿Qué?
—Creo que acabamos de encontrar la razón por la que Douglas estaba tan desesperado por echarte antes de que descubrieras la verdad.
Gideon regresó esa tarde mucho más tarde de lo habitual.
Gwen estaba en la cocina preparando la cena mientras Toby hacía los deberes y Maisie dormía en el sofá.
Cuando Gideon entró, no llevaba la expresión tranquila de la mañana.
Dejó una carpeta sobre la mesa.
—Tenemos que hablar.
Gwen apagó el fuego.
—¿Qué encontraste?
Gideon abrió la carpeta.
—El dinero con el que Douglas fundó Sterling Palmer Logistics no procedía de ningún préstamo familiar.
Gwen se quedó inmóvil.
—Entonces, ¿de dónde salió?
Gideon deslizó un documento hacia ella.
—De una cuenta que estaba a tu nombre.
Gwen frunció el ceño.
—Eso es imposible.
—Eso pensé yo.
En el documento aparecía una transferencia realizada diecisiete años atrás.
El importe era exactamente el dinero obtenido por la venta del apartamento que Gwen había heredado de sus padres.
Gwen sintió que las manos le temblaban.
—Yo le entregué ese dinero a Douglas.
—Lo sé.
Gideon señaló otra página.
—Pero él nunca lo declaró como aportación de capital.
—¿Qué hizo?
—Creó una empresa paralela.
Gwen levantó la mirada.
—¿A nombre de quién?
Gideon respiró profundamente.
—A nombre de su madre.
El silencio llenó la cocina.
—Después —continuó—, esa empresa transfirió los activos a la compañía que fundamos juntos.
Gwen tardó unos segundos en comprender.
—Entonces mi dinero…
—Financió el comienzo de la empresa.
—¿Y Douglas me dijo que no tenía derecho a nada?
Gideon cerró los ojos brevemente.
—Eso parece.
Gwen se apoyó contra la encimera.
Diecisiete años.
Había creído que estaba ayudando a su marido a construir un futuro.
Ahora descubría que él había convertido su aportación en algo que podía negar.
—¿Tienes pruebas?
—Más de las que esperaba.
Gideon abrió otra carpeta.
Había correos antiguos, documentos bancarios y registros de transferencias.
En varios aparecía la misma frase:
“Capital inicial aportado por Gwen Ramírez.”
Gwen se quedó mirando las hojas.
—¿Por qué nunca vi esto?
—Porque Douglas modificó los registros internos después de que la empresa comenzó a crecer.
—¿Y tú no lo viste?
Gideon bajó la mirada.
—Confié en él.
Aquella frase dolió más de lo que Gwen esperaba.
Porque ella también había confiado.
Entonces su teléfono vibró.
Era Douglas.
Gwen no quería contestar.
Gideon la miró.
—No tienes que hacerlo.
Pero Gwen aceptó la llamada.
—¿Dónde estás?
—No importa.
—Gwen, quiero que dejes de hacer esto difícil.
Ella miró los documentos sobre la mesa.
—¿Hacer qué difícil?
—El divorcio.
—Tú dijiste que no tenía derecho a nada.
Hubo silencio.
—Porque no tienes derecho a la empresa.
Gwen respiró profundamente.
—¿Estás seguro?
Douglas cambió de tono.
—¿Qué significa eso?
—Nada.
Colgó.
Gideon la observó.
—Ahora sabe que algo descubriste.
—Probablemente.
—Entonces tenemos que movernos rápido.
A la mañana siguiente, Gideon llevó los documentos a su abogado.
La respuesta llegó esa misma tarde.
La venta del apartamento podía demostrar que Gwen había proporcionado el capital inicial.
Pero había algo todavía más importante.
Los registros mostraban que Douglas había transferido una parte de los activos de la empresa a una cuenta controlada por él apenas dos semanas antes de solicitar el divorcio.
Gideon miró el documento.
—Está intentando vaciar la empresa.
Gwen sintió un nudo en el estómago.
—¿Para qué?
—Para que cuando llegue la división de bienes, parezca que hay mucho menos dinero del que realmente existe.
Gwen se quedó en silencio.
Durante años había pensado que Douglas simplemente había dejado de amarla.
Ahora comprendía que había preparado su salida mucho antes de anunciarla.
Pero entonces Gideon encontró algo más.
Una carpeta escondida en un servidor antiguo.
Dentro había una copia de un acuerdo firmado diecisiete años atrás.
Gwen lo leyó.
Su nombre aparecía como aportante del capital inicial.
Y debajo había una cláusula que nunca había visto.
—¿Qué significa esto?
Gideon señaló la última línea.
—Si la empresa alcanza determinado valor, el capital inicial debe convertirse en participación accionaria.
Gwen levantó la mirada.
—¿Cuánto tendría?
Gideon hizo el cálculo.
Se quedó en silencio.
—¿Qué?
Finalmente respondió:
—Aproximadamente el treinta y ocho por ciento de la empresa actual.
Gwen dejó caer el documento sobre la mesa.
Treinta y ocho por ciento.
Douglas había pasado diecisiete años diciéndole que ella no había aportado nada.
Mientras tanto, una parte enorme de la empresa había sido construida con su dinero.
Gideon se levantó.
—Esto cambia completamente el divorcio.
Gwen miró hacia la ventana.
Por primera vez desde que Douglas la echó de su casa, no sintió que estaba perdiendo todo.
Entonces llegó otro mensaje.
Esta vez no era de Douglas.
Era de un número desconocido.
“Señora Ramírez, sabemos que está con Gideon Sterling.”
Gwen palideció.
Llegó otro mensaje inmediatamente.
“También sabemos que encontraron los documentos.”
Gideon tomó el teléfono.
Su expresión se volvió seria.
—No respondas.
Pero un tercer mensaje apareció en la pantalla.
“Si quieren saber quién ayudó a Douglas a ocultar el dinero durante diecisiete años, vengan mañana a las nueve.”
Debajo había una dirección.
Y Gideon reconoció el lugar.
Era la antigua oficina del padre de Douglas.
El hombre que supuestamente nunca había tenido relación con la empresa.
Gideon levantó lentamente la mirada.
—Gwen…
—¿Qué?
—Creo que acabamos de encontrar la razón por la que Douglas estaba tan desesperado por echarte antes de que descubrieras la verdad.
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