La puerta del quirófano permanecía cerrada.
Yo estaba sentada en el pasillo del hospital, con el teléfono entre las manos, mirando los comentarios que seguían apareciendo ante mis ojos.
«Mandy debe sobrevivir. ¡Es la protagonista!»
«Si Summer entrega el vídeo a la policía, la historia quedará arruinada.»
«No importa. Todavía podemos hacer que Summer cargue con toda la culpa.»
Solté una pequeña risa.
¿Hacerme cargar con la culpa?
Mi marido había muerto. Su amante estaba luchando por su vida. Y aquellos comentarios seguían preocupándose más por el final de una historia que por las personas que acababan de sufrir una tragedia.
De repente, apareció uno diferente.
«¡Esperad! En la historia original, Summer también estaba en la plataforma. ¿Por qué está abajo?»
Otro respondió:
«Porque se negó a saltar. ¡Ha cambiado el argumento!»
Me quedé mirando aquellas palabras.
Así que ese era el plan original.
Yo debía haber saltado con Marcus. La cuerda debía romperse y los dos debíamos morir juntos. Mandy heredaría nuestra fortuna, criaría al hijo que esperaba y después conocería a otro hombre rico.
Mi muerte era simplemente el comienzo de su final feliz.
Pero había algo que aquellos comentarios no sabían.
Yo nunca había sido una mujer que aceptara su destino sin luchar.
Y tampoco pensaba entregarles mi vida.
1. La mujer que despertó
A las ocho de la noche, un médico salió finalmente del quirófano.
—La paciente ha sobrevivido. Tiene varias fracturas y necesitará una larga rehabilitación, pero, por el momento, su vida no corre peligro.
Asentí.
No sentí alegría ni tristeza.
Mandy era la amante de mi esposo, pero no le deseaba la muerte. Lo que había ocurrido era terrible, independientemente de lo que yo pensara de ella.
Sin embargo, eso no significaba que fuera a protegerla.
—Doctor, ¿cuándo podrá hablar con la policía?
—Probablemente mañana, si su estado continúa estable.
—Gracias.
Me levanté y me marché.
Aquella noche dormí por primera vez en muchos meses sin esperar a que Marcus regresara a la habitación.
No lloré por él.
Lloré por los siete años que había pasado intentando salvar un matrimonio que mi marido había abandonado mucho antes de admitirlo.
A la mañana siguiente, un detective se puso en contacto conmigo.
Quería revisar el vídeo del salto.
Se lo entregué sin dudarlo.
En la grabación se veía claramente a Marcus y Mandy preparándose para saltar. También se observaba a los empleados revisando el equipo antes de autorizar la actividad.
Y, sobre todo, quedaba claro que yo no estaba en la plataforma cuando ocurrió el accidente.
El detective me preguntó:
—¿Por qué empezó a grabar?
Lo pensé unos segundos.
—Porque tenía la sensación de que algo malo iba a ocurrir.
No le hablé de los comentarios flotantes. Ni siquiera yo entendía lo que estaba sucediendo.
Pero sabía que aquel vídeo podía ser importante.
Y no pensaba destruirlo para satisfacer a nadie.
2. El secreto de Mandy
Tres días después, Mandy despertó.
Cuando recuperó la conciencia, lo primero que preguntó fue por Marcus.
La enfermera le explicó que su amante había fallecido.
Mandy comenzó a gritar.
Después lloró hasta quedarse sin fuerzas.
Yo me enteré de lo ocurrido por el detective, que volvió a llamarme aquella tarde.
—La señorita Lin ha preguntado por usted. Dice que necesita hablar con usted personalmente.
Dudé antes de aceptar.
No tenía ninguna obligación de visitar a la mujer con la que mi marido me había engañado.
Sin embargo, había algo que necesitaba aclarar.
Cuando entré en su habitación, Mandy estaba pálida. Tenía el brazo inmovilizado y varias vendas alrededor de la cabeza.
Al verme, sus ojos se llenaron de lágrimas.
—Summer…
Me quedé junto a la puerta.
—¿Qué quieres?
Apretó los labios.
—Marcus me prometió que se divorciaría de ti. Me dijo que ya no te quería.
—Probablemente era cierto.
Mandy me miró, sorprendida por mi respuesta.
—Entonces, ¿por qué no luchaste por él?
Sonreí débilmente.
—Porque no quería pasar el resto de mi vida luchando por alguien que no quería quedarse conmigo.
Ella comenzó a llorar otra vez.
—Él me dijo que lo tenía todo preparado. Que después del viaje podríamos empezar una vida juntos.
—¿Y qué más te dijo?
Mandy vaciló.
Finalmente, susurró:
—Que tú nunca te atreverías a divorciarte porque dependías de su familia. Que aceptarías cualquier humillación antes que perder tu posición.
Por primera vez, sentí verdadera lástima por ella.
Marcus nos había mentido a las dos, aunque de maneras diferentes.
A mí me había hecho creer durante años que nuestro matrimonio todavía tenía arreglo.
A ella le había prometido un futuro construido sobre una vida que nunca había terminado de abandonar legalmente.
—Mandy, quiero preguntarte algo. ¿Sabías que la cuerda podía romperse?
Abrió los ojos.
—¡No! ¡Por supuesto que no!
La observé atentamente.
—Entonces, ¿por qué estás tan asustada?
Su rostro perdió el color.
Durante unos segundos, no respondió.
Después me pidió que me acercara.
—Antes del salto… vi a uno de los empleados hablando por teléfono. Parecía nervioso. Más tarde escuché que alguien había tenido problemas con el equipo.
Me quedé inmóvil.
—¿Se lo dijiste a Marcus?
—No. Pensé que solo estaban revisando algo rutinario.
Aquella información cambió todo.
El accidente podía haber sido consecuencia de un fallo técnico, pero también existía la posibilidad de que alguien hubiera ignorado una advertencia.
No era momento de hacer acusaciones sin pruebas.
Llamé al detective y le conté lo que Mandy acababa de decirme.
Él tomó nota inmediatamente.
La investigación debía continuar.
3. La herencia que nunca quise
Una semana después del accidente, recibí una llamada del abogado de Marcus.
Quería que acudiera a su despacho para revisar los documentos de la herencia.
Al llegar, encontré varios expedientes sobre la mesa.
—Según el testamento, usted es la principal beneficiaria de los bienes personales de su marido —explicó—. Sin embargo, debemos revisar las deudas, las obligaciones pendientes y las disposiciones legales aplicables.
Asentí.
Marcus había acumulado una fortuna considerable durante nuestro matrimonio.
Casas, inversiones, cuentas bancarias y participaciones empresariales.
Pero mientras el abogado hablaba, los comentarios aparecieron de nuevo.
«¡No puede ser! ¡Summer va a quedarse con todo!»
«La protagonista debería recibir esa herencia.»
«Tenemos que conseguir que Mandy demuestre que Marcus quería dejarle el dinero.»
Sonreí.
Aquello era absurdo.
No necesitaba que unos desconocidos decidieran quién merecía heredar los bienes de mi marido.
Tampoco iba a regalar mi parte por culpa.
—Quiero que revisen cada documento —le dije al abogado—. Si hay deudas, las resolveremos conforme a la ley. Si existen irregularidades, quiero que se investiguen.
El abogado asintió.
—Por supuesto.
Antes de marcharme, añadí:
—Y quiero que preparen los documentos necesarios para iniciar el divorcio legalmente, en la medida en que corresponda tras el fallecimiento de mi marido.
Me miró con sorpresa.
—Señora Meng, su marido ha fallecido. El procedimiento matrimonial tendrá que tratarse conforme a la legislación aplicable.
—Lo entiendo. Quiero cerrar todos los asuntos pendientes de nuestra relación.
Al salir del despacho, sentí que me quitaban un peso de encima.
Por primera vez, el dinero de Marcus no representaba una cadena que me ataba a él.
Era simplemente una cuestión legal que debía resolverse.
4. La verdad detrás de la cuerda
Dos semanas después, el detective volvió a llamarme.
La investigación técnica había encontrado irregularidades en el mantenimiento del equipo utilizado para el salto.
Los investigadores estaban revisando los registros de inspección y las comunicaciones internas de la empresa.
Un empleado había declarado que existían advertencias anteriores sobre una pieza del sistema, aunque todavía debían determinar si aquellas advertencias estaban relacionadas directamente con el accidente.
—¿Cree que alguien provocó la caída? —pregunté.
—Todavía no podemos afirmarlo. Estamos analizando todas las posibilidades.
Aquella respuesta era la única correcta.
No necesitaba inventar un culpable para sentir que mi vida tenía sentido.
Necesitaba saber la verdad.
El detective también me informó de que Mandy había confirmado su disposición a declarar cuando su estado de salud se lo permitiera.
Por primera vez desde el accidente, dejé de verla únicamente como la amante de Marcus.
Ella también era una testigo que podía ayudar a esclarecer lo ocurrido.
No nos convertimos en amigas.
No nos abrazamos ni prometimos empezar de nuevo.
Simplemente dejamos que la investigación siguiera su curso.
Y eso fue suficiente.
5. Los comentarios intentan cambiar el final
Una noche, mientras revisaba documentos en mi apartamento, las palabras volvieron a aparecer ante mis ojos.
«La protagonista está perdiendo el control de la historia.»
«Summer no puede quedarse con la herencia.»
«Si no conseguimos cambiar los acontecimientos, tendremos que crear otro final.»
Me quedé mirando la última frase.
Entonces escribí en una hoja de papel:
¿Quién eres?
Durante unos segundos, no ocurrió nada.
Después apareció una respuesta.
«Somos los lectores.»
Fruncí el ceño.
Escribí otra pregunta.
¿Por qué queréis que muera?
La respuesta tardó unos instantes.
«Porque así estaba escrito.»
Me reí.
Una risa breve, amarga.
¿Y eso significa que debo obedecer?
Las palabras comenzaron a aparecer más rápido.
«¡No entiendes! ¡Esta no es tu historia!»
Sentí un escalofrío.
Después escribí:
Si mi vida no me pertenece, ¿a quién pertenece?
No apareció ninguna respuesta.
Esperé.
Un minuto.
Dos.
Cinco.
Por primera vez desde el accidente, los comentarios habían desaparecido por completo.
Miré por la ventana.
La ciudad seguía viva. Los coches avanzaban por las calles y las luces de los edificios iluminaban la noche.
Mi vida no necesitaba convertirse en una historia perfecta.
No necesitaba una protagonista elegida por desconocidos.
Y tampoco necesitaba que alguien muriera para que otra persona encontrara la felicidad.
Cerré el cuaderno y apagué la lámpara.
Aquella noche comprendí que, aunque nunca llegara a descubrir qué eran realmente aquellos comentarios, había algo que sí podía controlar.
Mis decisiones.
6. Un año después
Un año después del accidente, volví a la isla.
No lo hice para recordar a Marcus.
Fui porque quería demostrarme que aquel lugar ya no tenía poder sobre mí.
El acantilado seguía allí. La plataforma había sido renovada y la empresa había reforzado sus protocolos de seguridad después de la investigación.
Me detuve junto a la barandilla y observé las montañas a lo lejos.
No sentí miedo.
Tampoco tuve deseos de saltar.
Simplemente respiré.
Mi matrimonio había terminado. La investigación había seguido su curso y los asuntos económicos se habían resuelto mediante los procedimientos correspondientes.
Mandy continuaba recuperándose de sus lesiones. Nuestros caminos se habían separado, y yo no tenía intención de volver a involucrarme en su vida.
En cuanto a Marcus, conservaba algunos recuerdos de los primeros años de nuestro matrimonio.
No todos habían sido malos.
Pero tampoco iba a permitir que los buenos recuerdos borraran las mentiras que vinieron después.
Saqué mi teléfono y tomé una fotografía del mar.
Entonces aparecieron unas últimas palabras ante mis ojos.
«¿Este es realmente el final?»
Me quedé observándolas.
Después sonreí.
—No —susurré—. Es el comienzo de mi vida.
Los comentarios desaparecieron.
Esta vez, no regresaron.
Me alejé del acantilado y caminé hacia el pueblo, donde me esperaba una mesa reservada para una persona.
No necesitaba un nuevo marido para demostrar que había superado mi pasado.
No necesitaba una fortuna para sentirme libre.
Y no necesitaba convertirme en la protagonista de ninguna historia para merecer un futuro.
Durante siete años había creído que ser una buena esposa significaba soportarlo todo.
Ahora sabía que amar a alguien no significaba renunciar a una misma.
Marcus había elegido su camino.
Mandy había elegido el suyo.
Y yo, por fin, podía elegir el mío.
FIN.
La puerta del quirófano permanecía cerrada.
Yo estaba sentada en el pasillo del hospital, con el teléfono entre las manos, mirando los comentarios que seguían apareciendo ante mis ojos.
«Mandy debe sobrevivir. ¡Es la protagonista!»
«Si Summer entrega el vídeo a la policía, la historia quedará arruinada.»
«No importa. Todavía podemos hacer que Summer cargue con toda la culpa.»
Solté una pequeña risa.
¿Hacerme cargar con la culpa?
Mi marido había muerto. Su amante estaba luchando por su vida. Y aquellos comentarios seguían preocupándose más por el final de una historia que por las personas que acababan de sufrir una tragedia.
De repente, apareció uno diferente.
«¡Esperad! En la historia original, Summer también estaba en la plataforma. ¿Por qué está abajo?»
Otro respondió:
«Porque se negó a saltar. ¡Ha cambiado el argumento!»
Me quedé mirando aquellas palabras.
Así que ese era el plan original.
Yo debía haber saltado con Marcus. La cuerda debía romperse y los dos debíamos morir juntos. Mandy heredaría nuestra fortuna, criaría al hijo que esperaba y después conocería a otro hombre rico.
Mi muerte era simplemente el comienzo de su final feliz.
Pero había algo que aquellos comentarios no sabían.
Yo nunca había sido una mujer que aceptara su destino sin luchar.
Y tampoco pensaba entregarles mi vida.
1. La mujer que despertó
A las ocho de la noche, un médico salió finalmente del quirófano.
—La paciente ha sobrevivido. Tiene varias fracturas y necesitará una larga rehabilitación, pero, por el momento, su vida no corre peligro.
Asentí.
No sentí alegría ni tristeza.
Mandy era la amante de mi esposo, pero no le deseaba la muerte. Lo que había ocurrido era terrible, independientemente de lo que yo pensara de ella.
Sin embargo, eso no significaba que fuera a protegerla.
—Doctor, ¿cuándo podrá hablar con la policía?
—Probablemente mañana, si su estado continúa estable.
—Gracias.
Me levanté y me marché.
Aquella noche dormí por primera vez en muchos meses sin esperar a que Marcus regresara a la habitación.
No lloré por él.
Lloré por los siete años que había pasado intentando salvar un matrimonio que mi marido había abandonado mucho antes de admitirlo.
A la mañana siguiente, un detective se puso en contacto conmigo.
Quería revisar el vídeo del salto.
Se lo entregué sin dudarlo.
En la grabación se veía claramente a Marcus y Mandy preparándose para saltar. También se observaba a los empleados revisando el equipo antes de autorizar la actividad.
Y, sobre todo, quedaba claro que yo no estaba en la plataforma cuando ocurrió el accidente.
El detective me preguntó:
—¿Por qué empezó a grabar?
Lo pensé unos segundos.
—Porque tenía la sensación de que algo malo iba a ocurrir.
No le hablé de los comentarios flotantes. Ni siquiera yo entendía lo que estaba sucediendo.
Pero sabía que aquel vídeo podía ser importante.
Y no pensaba destruirlo para satisfacer a nadie.
2. El secreto de Mandy
Tres días después, Mandy despertó.
Cuando recuperó la conciencia, lo primero que preguntó fue por Marcus.
La enfermera le explicó que su amante había fallecido.
Mandy comenzó a gritar.
Después lloró hasta quedarse sin fuerzas.
Yo me enteré de lo ocurrido por el detective, que volvió a llamarme aquella tarde.
—La señorita Lin ha preguntado por usted. Dice que necesita hablar con usted personalmente.
Dudé antes de aceptar.
No tenía ninguna obligación de visitar a la mujer con la que mi marido me había engañado.
Sin embargo, había algo que necesitaba aclarar.
Cuando entré en su habitación, Mandy estaba pálida. Tenía el brazo inmovilizado y varias vendas alrededor de la cabeza.
Al verme, sus ojos se llenaron de lágrimas.
—Summer…
Me quedé junto a la puerta.
—¿Qué quieres?
Apretó los labios.
—Marcus me prometió que se divorciaría de ti. Me dijo que ya no te quería.
—Probablemente era cierto.
Mandy me miró, sorprendida por mi respuesta.
—Entonces, ¿por qué no luchaste por él?
Sonreí débilmente.
—Porque no quería pasar el resto de mi vida luchando por alguien que no quería quedarse conmigo.
Ella comenzó a llorar otra vez.
—Él me dijo que lo tenía todo preparado. Que después del viaje podríamos empezar una vida juntos.
—¿Y qué más te dijo?
Mandy vaciló.
Finalmente, susurró:
—Que tú nunca te atreverías a divorciarte porque dependías de su familia. Que aceptarías cualquier humillación antes que perder tu posición.
Por primera vez, sentí verdadera lástima por ella.
Marcus nos había mentido a las dos, aunque de maneras diferentes.
A mí me había hecho creer durante años que nuestro matrimonio todavía tenía arreglo.
A ella le había prometido un futuro construido sobre una vida que nunca había terminado de abandonar legalmente.
—Mandy, quiero preguntarte algo. ¿Sabías que la cuerda podía romperse?
Abrió los ojos.
—¡No! ¡Por supuesto que no!
La observé atentamente.
—Entonces, ¿por qué estás tan asustada?
Su rostro perdió el color.
Durante unos segundos, no respondió.
Después me pidió que me acercara.
—Antes del salto… vi a uno de los empleados hablando por teléfono. Parecía nervioso. Más tarde escuché que alguien había tenido problemas con el equipo.
Me quedé inmóvil.
—¿Se lo dijiste a Marcus?
—No. Pensé que solo estaban revisando algo rutinario.
Aquella información cambió todo.
El accidente podía haber sido consecuencia de un fallo técnico, pero también existía la posibilidad de que alguien hubiera ignorado una advertencia.
No era momento de hacer acusaciones sin pruebas.
Llamé al detective y le conté lo que Mandy acababa de decirme.
Él tomó nota inmediatamente.
La investigación debía continuar.
3. La herencia que nunca quise
Una semana después del accidente, recibí una llamada del abogado de Marcus.
Quería que acudiera a su despacho para revisar los documentos de la herencia.
Al llegar, encontré varios expedientes sobre la mesa.
—Según el testamento, usted es la principal beneficiaria de los bienes personales de su marido —explicó—. Sin embargo, debemos revisar las deudas, las obligaciones pendientes y las disposiciones legales aplicables.
Asentí.
Marcus había acumulado una fortuna considerable durante nuestro matrimonio.
Casas, inversiones, cuentas bancarias y participaciones empresariales.
Pero mientras el abogado hablaba, los comentarios aparecieron de nuevo.
«¡No puede ser! ¡Summer va a quedarse con todo!»
«La protagonista debería recibir esa herencia.»
«Tenemos que conseguir que Mandy demuestre que Marcus quería dejarle el dinero.»
Sonreí.
Aquello era absurdo.
No necesitaba que unos desconocidos decidieran quién merecía heredar los bienes de mi marido.
Tampoco iba a regalar mi parte por culpa.
—Quiero que revisen cada documento —le dije al abogado—. Si hay deudas, las resolveremos conforme a la ley. Si existen irregularidades, quiero que se investiguen.
El abogado asintió.
—Por supuesto.
Antes de marcharme, añadí:
—Y quiero que preparen los documentos necesarios para iniciar el divorcio legalmente, en la medida en que corresponda tras el fallecimiento de mi marido.
Me miró con sorpresa.
—Señora Meng, su marido ha fallecido. El procedimiento matrimonial tendrá que tratarse conforme a la legislación aplicable.
—Lo entiendo. Quiero cerrar todos los asuntos pendientes de nuestra relación.
Al salir del despacho, sentí que me quitaban un peso de encima.
Por primera vez, el dinero de Marcus no representaba una cadena que me ataba a él.
Era simplemente una cuestión legal que debía resolverse.
4. La verdad detrás de la cuerda
Dos semanas después, el detective volvió a llamarme.
La investigación técnica había encontrado irregularidades en el mantenimiento del equipo utilizado para el salto.
Los investigadores estaban revisando los registros de inspección y las comunicaciones internas de la empresa.
Un empleado había declarado que existían advertencias anteriores sobre una pieza del sistema, aunque todavía debían determinar si aquellas advertencias estaban relacionadas directamente con el accidente.
—¿Cree que alguien provocó la caída? —pregunté.
—Todavía no podemos afirmarlo. Estamos analizando todas las posibilidades.
Aquella respuesta era la única correcta.
No necesitaba inventar un culpable para sentir que mi vida tenía sentido.
Necesitaba saber la verdad.
El detective también me informó de que Mandy había confirmado su disposición a declarar cuando su estado de salud se lo permitiera.
Por primera vez desde el accidente, dejé de verla únicamente como la amante de Marcus.
Ella también era una testigo que podía ayudar a esclarecer lo ocurrido.
No nos convertimos en amigas.
No nos abrazamos ni prometimos empezar de nuevo.
Simplemente dejamos que la investigación siguiera su curso.
Y eso fue suficiente.
5. Los comentarios intentan cambiar el final
Una noche, mientras revisaba documentos en mi apartamento, las palabras volvieron a aparecer ante mis ojos.
«La protagonista está perdiendo el control de la historia.»
«Summer no puede quedarse con la herencia.»
«Si no conseguimos cambiar los acontecimientos, tendremos que crear otro final.»
Me quedé mirando la última frase.
Entonces escribí en una hoja de papel:
¿Quién eres?
Durante unos segundos, no ocurrió nada.
Después apareció una respuesta.
«Somos los lectores.»
Fruncí el ceño.
Escribí otra pregunta.
¿Por qué queréis que muera?
La respuesta tardó unos instantes.
«Porque así estaba escrito.»
Me reí.
Una risa breve, amarga.
¿Y eso significa que debo obedecer?
Las palabras comenzaron a aparecer más rápido.
«¡No entiendes! ¡Esta no es tu historia!»
Sentí un escalofrío.
Después escribí:
Si mi vida no me pertenece, ¿a quién pertenece?
No apareció ninguna respuesta.
Esperé.
Un minuto.
Dos.
Cinco.
Por primera vez desde el accidente, los comentarios habían desaparecido por completo.
Miré por la ventana.
La ciudad seguía viva. Los coches avanzaban por las calles y las luces de los edificios iluminaban la noche.
Mi vida no necesitaba convertirse en una historia perfecta.
No necesitaba una protagonista elegida por desconocidos.
Y tampoco necesitaba que alguien muriera para que otra persona encontrara la felicidad.
Cerré el cuaderno y apagué la lámpara.
Aquella noche comprendí que, aunque nunca llegara a descubrir qué eran realmente aquellos comentarios, había algo que sí podía controlar.
Mis decisiones.
6. Un año después
Un año después del accidente, volví a la isla.
No lo hice para recordar a Marcus.
Fui porque quería demostrarme que aquel lugar ya no tenía poder sobre mí.
El acantilado seguía allí. La plataforma había sido renovada y la empresa había reforzado sus protocolos de seguridad después de la investigación.
Me detuve junto a la barandilla y observé las montañas a lo lejos.
No sentí miedo.
Tampoco tuve deseos de saltar.
Simplemente respiré.
Mi matrimonio había terminado. La investigación había seguido su curso y los asuntos económicos se habían resuelto mediante los procedimientos correspondientes.
Mandy continuaba recuperándose de sus lesiones. Nuestros caminos se habían separado, y yo no tenía intención de volver a involucrarme en su vida.
En cuanto a Marcus, conservaba algunos recuerdos de los primeros años de nuestro matrimonio.
No todos habían sido malos.
Pero tampoco iba a permitir que los buenos recuerdos borraran las mentiras que vinieron después.
Saqué mi teléfono y tomé una fotografía del mar.
Entonces aparecieron unas últimas palabras ante mis ojos.
«¿Este es realmente el final?»
Me quedé observándolas.
Después sonreí.
—No —susurré—. Es el comienzo de mi vida.
Los comentarios desaparecieron.
Esta vez, no regresaron.
Me alejé del acantilado y caminé hacia el pueblo, donde me esperaba una mesa reservada para una persona.
No necesitaba un nuevo marido para demostrar que había superado mi pasado.
No necesitaba una fortuna para sentirme libre.
Y no necesitaba convertirme en la protagonista de ninguna historia para merecer un futuro.
Durante siete años había creído que ser una buena esposa significaba soportarlo todo.
Ahora sabía que amar a alguien no significaba renunciar a una misma.
Marcus había elegido su camino.
Mandy había elegido el suyo.
Y yo, por fin, podía elegir el mío.
FIN.

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